El cáncer colorrectal (CCR) es una de las enfermedades más comunes a nivel mundial y representa un importante problema de salud pública. En México, el CCR ocupa el tercer lugar en el número de casos nuevos de cáncer y el primer lugar en mortalidad por esta misma enfermedad [1]. Con frecuencia esta patología se desarrolla de forma silenciosa, sin síntomas evidentes en sus etapas iniciales. Esto dificulta su detección oportuna y aumenta la probabilidad de que se diagnostique en fases avanzadas, cuando el tratamiento es más complejo y menos efectivo.
Si bien existen factores no modificables (como la edad mayor de 50 años o la carga genética individual), también hay factores modificables (como la alimentación o actividad física) que influyen significativamente en el riesgo de padecer esta enfermedad y están relacionados con nuestros hábitos de vida. Esta situación hace que la prevención adquiera un papel fundamental. En este artículo ofrecemos recomendaciones prácticas para cuidar y proteger la salud intestinal basada en la evidencia científica.
Los organismos internacionales World Cancer Research Fund y American Cancer Society mantienen un proyecto de actualización continua (CUP, por sus siglas en inglés) en el que revisan constantemente la evidencia científica sobre la relación de la alimentación y actividad física con el desarrollo del CCR [2]. Gracias a este trabajo han comprobado que ciertos hábitos pueden protegernos o, por el contrario, aumentar la probabilidad de desarrollar CCR.
A partir de estos hallazgos, te compartimos siete recomendaciones prácticas avaladas por la ciencia, pensadas para que puedas incorporarlas fácilmente en la vida diaria y así reducir el riesgo de CCR. En la figura 1 encontrarás un resumen de estas recomendaciones que te servirá como una guía práctica para adoptar un estilo de vida más saludable.
Figura 1. Recomendaciones clave para reducir el riesgo de cáncer colorrectal.
Prevenir el CCR es, en gran medida, una cuestión de estilo de vida. Debido a que el daño es acumulativo, la evidencia es clara: llevar una vida activa, comer de forma equilibrada y evitar los excesos puede marcar la diferencia en la reducción del riesgo de desarrollar esta enfermedad. Adoptar estos hábitos no solo ayuda a prevenir el CCR, sino que también mejora la salud general, reduce el riesgo de otras enfermedades crónicas y potencia la calidad de vida.
Es importante recordar que cada persona es única y que, aunque la ciencia nos ofrece pautas generales, es esencial adaptar las recomendaciones a nuestras necesidades particulares. Por ello, la consulta con especialistas, como médicos y nutricionistas, resulta indispensable para asegurar que cada cambio se realice de manera segura y acorde a las condiciones de salud de cada individuo.