Las plantas medicinales han sido utilizadas desde tiempos remotos, con registros que datan del 4000 a.C. En México, la medicina tradicional, basada en el uso de plantas con propiedades terapéuticas, tiene sus raíces en civilizaciones prehispánicas, donde se empleaban para tratar diversas enfermedades y padecimientos. En sus formas de uso, ya sea infusiones, maceraciones, fomentos, extractos, tinturas, jarabes y pomadas, se refleja el profundo conocimiento ancestral de sus efectos curativos. Uno de los primeros registros escritos sobre el uso de plantas medicinales en Mesoamérica es el Códice de la Cruz-Badiano, elaborado en 1552 por el médico nahua Martín de la Cruz y traducido del náhuatl al latín por Juan Badiano [1].
En la actualidad, el interés por las plantas medicinales persiste, impulsado por el conocimiento biocultural (sabidurías y prácticas de pueblos indígenas y comunidades locales) y la búsqueda de alternativas naturales y sostenibles para el cuidado de la salud. Se estima que en México existen aproximadamente 3 000 especies de plantas con usos medicinales, de las cuales el 90% se encuentra en estado silvestre [1]. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha reconocido la importancia de la medicina tradicional y su papel en la salud de diversas comunidades, sobre todo en territorios indígenas, y destaca la necesidad de su protección. La herbolaria es una de las prácticas más utilizadas dentro de este enfoque. La OMS define la medicina tradicional como "la suma de conocimientos, técnicas y prácticas fundamentadas en las teorías, creencias y experiencias propias de diferentes culturas, utilizadas para mantener la salud, tanto física como mental" [2].
Sin embargo, con el avance de la medicina moderna y el desarrollo socioeconómico de diversos países, el conocimiento sobre la medicina tradicional se ha olvidado en algunas regiones. Aun así, es una alternativa fundamental en muchas comunidades, ya que brinda acceso a tratamientos basados en plantas medicinales. Además de su uso en la medicina tradicional, las plantas han sido una fuente clave de compuestos bioactivos (sustancias presentes en la planta que tienen un efecto en la salud) en el desarrollo de la medicina moderna. Si bien, los medicamentos sintetizados o producidos químicamente en laboratorio han demostrado ser tratamientos eficaces contra enfermedades (efecto deseado), también pueden causar malestares, como náuseas, vómito, pérdida de pelo, etc. (efectos secundarios) o ser inaccesibles para ciertas poblaciones. Pero la naturaleza nos ha proporcionado plantas con propiedades terapéuticas que han sido ampliamente aprovechadas, muchas de ellas con poco o nulo efecto secundario sobre todo si se tiene más conocimiento de ellas. Si nos detenemos un momento a reflexionar, podemos recordar ejemplos como la manzanilla, la hierbabuena o la sábila, las cuales probablemente hemos utilizado en alguna ocasión.
Sin embargo, muchas otras especies de plantas han sido subestimadas o ignoradas, a pesar de su potencial medicinal. Algunas crecen en entornos urbanos, como en jardines y banquetas, sin que les prestemos atención. Tal es el caso de Euphorbia hirta, una hierba comúnmente encontrada en espacios urbanos y rurales (figura 1). En México, está presente en varios estados, que incluyen Jalisco, pero ha sido poco valorada a pesar de su amplio uso en la medicina tradicional. También conocida como "golondrina", E. hirta se utiliza ampliamente en infusiones debido a sus propiedades de disminuir la inflamación, calmar el dolor, combatir infecciones bacterianas y ayudar a la digestión. Su relevancia ha aumentado en los últimos años, pues estudios recientes han explorado su potencial terapéutico en afecciones de la piel y del sistema respiratorio [3,4].
Figura 1. Euphorbia hirta (golondrina) creciendo en la banqueta de una comunidad de Tlaquepaque, Jalisco, México.
Uno de los aspectos más prometedores de E. hirta es su posible aplicación en el tratamiento de enfermedades respiratorias (como el COVID-19). Se ha investigado su actividad contra los virus, donde algunos de sus compuestos pueden bloquear la entrada de virus en células del tracto respiratorio. Incluso, algunos estudios han planteado su posible uso como un complemento adicional en el tratamiento del COVID-19. También se ha profundizado en el conocimiento de cómo los compuestos de E. hirta pueden actuar en el organismo para disminuir la inflamación [5]. Estos efectos la han posicionado como una alternativa natural para mitigar síntomas respiratorios e inflamatorios, reforzando la necesidad de estudios que validen su uso en la práctica clínica.
En la medicina tradicional, E. hirta se ha empleado para tratar afecciones digestivas, especialmente la diarrea. Los primeros estudios sobre su acción antidiarreica observaron que el extracto de E. hirta reducía significativamente los síntomas. Su uso como té o infusión mejora la digestión y disminuye afecciones estomacales e intestinales, además evita la deshidratación. Al analizar la planta se han encontrado diversos compuestos que tienen actividad contra microbios dañinos, lo que apoya su uso tradicional para tratar infecciones gastrointestinales [6]. Dada su seguridad y accesibilidad, muchas personas recurren a esta planta como alternativa natural para tratar problemas intestinales. Esto la convierte en una opción de interés para el desarrollo de nuevos fármacos antidiarreicos eficaces y de bajo costo, lo cual es relevante ya que la diarrea es una de las principales causas de enfermedad y mortalidad en los países en desarrollo, sobre todo en infantes [3].
Otro campo de interés para el estudio de E. hirta es su potencial terapéutico en afecciones inflamatorias de la piel, como la dermatitis atópica (alergia en la piel); si esta condición no se trata adecuadamente, puede evolucionar a rinitis alérgica (alergia que causan estornudos, congestión nasal, lagrimeo y escurrimiento nasal) y asma (alergia que afecta los pulmones y dificulta la respiración). Investigaciones recientes han demostrado que el extracto de E. hirta disminuye la inflamación en la piel. Dado que algunos tratamientos convencionales pueden generar efectos perjudiciales en el organismo (efectos adversos), esta planta representa una alternativa segura, accesible y de bajo costo para el alivio de síntomas inflamatorios [4].
Euphorbia hirta pertenece a una gran familia botánica donde muchas especies tienen usos medicinales, pero otras pueden ser tóxicas. Una característica distintiva de estas plantas es la presencia de un látex blanquecino que se secreta al romper sus tallos u hojas. En algunas especies de Euphorbia, este látex puede ser irritante o tóxico, por lo que es fundamental asegurarse de identificar correctamente la planta antes de su uso medicinal. A pesar de esto, E. hirta es segura y no se han reportado casos de intoxicación o muerte por su uso [3]. No obstante, siempre es recomendable consultar a un especialista antes de emplearla con fines terapéuticos, debido a que algunas plantas aunque pueden tener efectos beneficiosos, su uso sin orientación o conocimiento adecuado puede resultar ineficaz e incluso perjudicial o contraproducente para el organismo.
La golondrina (Euphorbia hirta) es un ejemplo de cómo la naturaleza nos brinda recursos terapéuticos accesibles y versátiles. Su amplia distribución en entornos urbanos y rurales la convierte en una alternativa medicinal fácil de obtener, especialmente en comunidades con limitado acceso a fármacos convencionales.
Los estudios sobre su uso en infecciones por virus o microbios dañinos, en afecciones gastrointestinales, en alergias y enfermedades inflamatorias respaldan su potencial para el desarrollo de nuevos tratamientos, tanto en la medicina tradicional como en la farmacología moderna. Sin embargo, para su inclusión en la práctica clínica, es crucial seguir investigando sus efectos, mecanismos de acción y posibles aplicaciones terapéuticas. Lo que alguna vez pudo parecer solo una hierba en la banqueta, hoy se perfila como un tesoro natural con propiedades medicinales significativas.