Un recordatorio de lo mejor y lo peor de la naturaleza humana; declarado por la Organización Mundial de la Salud en 1988, el primero de diciembre se conmemora el Día Mundial del Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA), provocado por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH).
En 1981, la agencia nacional de salud pública de Estados Unidos reportó los primeros casos de SIDA, marcando el comienzo de una epidemia global. Este evento, contemporáneo de la lucha por los derechos de la comunidad LGBTTTIQ+ y fenómenos de agitación sociopolítica, convirtió la historia del VIH/SIDA en un movimiento polifacético e intrincado desde una perspectiva social y científica.
Los esfuerzos científicos por construir la epidemiología e historia natural de las infecciones por VIH generaron conocimiento cuantioso sobre los mecanismos, mediante los cuales los virus pueden repercutir en la salud humana, así como de la manera en que los movimientos socioculturales pueden favorecer la propagación de estos agentes infecciosos. Estos elementos desempeñaron un papel importante para dilucidar las respuestas que las instituciones responsables deben adoptar ante amenazas epidemiológicas y otros atentados contra la salud pública; aprendizajes reflejados en la gestión global de las pandemias subsiguientes, incluidas las causadas por el ébola y COVID-19.
La epidemia por VIH/SIDA es un reto de salud mundial y continúa ejerciendo una presión significativa sobre los recursos de atención médica, sobre todo en el África subsahariana, donde se concentra el 70% de los casos globales.
El desarrollo de terapias antirretrovirales ha convertido la infección por VIH en una enfermedad crónica manejable, sin embargo, se estima que solo el 77% de la población afectada tiene acceso al tratamiento, mismo que no está exento de efectos adversos; la búsqueda de diferentes estrategias para atacar el virus continúa, con miras de que, en un futuro optimista, la erradicación del VIH sea una realidad.