En 1965, una pequeña inyección cambió la historia. El sarampión, un virus que mataba cada año a millones de niños, encontró su primera barrera gracias a la visión del virólogo John F. Enders. El 15 de enero su equipo logró inmunizar con éxito a humanos mediante una vacuna atenuada, demostrando que la ciencia podía adelantarse a la enfermedad.
Durante la década de los cincuenta, los hospitales del mundo estaban repletos de niños enfermos de sarampión. Enders, junto con Thomas Peebles y Samuel Katz, buscó debilitar el virus hasta hacerlo inocuo, pero aún capaz de generar defensas (un proceso llamado atenuación viral). Así nació la cepa Edmonston B, base de la vacuna que se aplicó por primera vez en 1965 en Boston (Estados Unidos).
Este logro no solo controló una de las enfermedades más contagiosas, sino que impulsó el desarrollo de otras vacunas virales y fortaleció la confianza en la inmunización como pilar de la salud pública mundial.
Hoy, el sarampión es prevenible con la vacuna triple viral (SRP), aplicada de forma rutinaria en la infancia. Sin embargo, los recientes brotes recuerdan la importancia de mantener la vacunación y de seguir defendiendo el valor de la ciencia como escudo frente a la desinformación.