¿Puede una fecha ser significado de esperanza científica y humana? Cada año 400 000 niños, niñas y adolescentes a nivel mundial desarrollan cáncer infantil. Por ello, cada 15 de febrero se conmemora el Día Internacional del Cáncer Infantil, representado por un lazo dorado como símbolo de fortaleza y llamado a la sociedad mundial para visibilizar los desafíos médicos, sociales y emocionales que enfrentan los menores de edad y sus familias.
La iniciativa fue promovida en 2002 por la organización Childhood Cancer International (CCI) en Luxemburgo, y respaldada por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Su objetivo es concientizar sobre el cáncer pediátrico y atender las necesidades prioritarias de tratamiento y cuidado, especialmente en países de ingresos bajos y medios, donde la tasa de supervivencia es menor al 30%, en contraste con el 80% en países de ingresos altos.
A nivel global, el cáncer infantil representa menos del 1% de todos los cánceres. En México, es la primera causa de muerte por enfermedad en menores de 5 a 14 años. Los tipos más comunes son leucemia linfoblástica aguda, tumores cerebrales y linfomas. Esta efeméride ha impulsado la investigación colaborativa en oncología pediátrica e iniciado campañas de diagnóstico temprano y tratamientos más eficaces.
En 2018 la OMS y el Hospital de Investigación Infantil St. Jude lanzaron una iniciativa global para apoyar a los gobiernos en el desarrollo de programas de calidad contra el cáncer infantil, con la meta de alcanzar una tasa de supervivencia del 60% para el año 2030. Hoy, el lazo dorado nos recuerda la urgencia de eliminar barreras de inequidad y garantizar que los avances científicos lleguen a cada niño, niña o adolescente que los necesite. Este día representa un punto de convergencia entre sociedad, ciencia y política para proteger el futuro de la infancia.