¿Te imaginas vivir sabiendo que una enfermedad hereditaria podría arrebatarte lentamente el control de tu cuerpo y tu mente? Ese fue el destino que marcó la vida y la misión de Nancy Wexler, nacida el 16 de marzo de 1928, una de las científicas más influyentes en la historia de la genética moderna.
A mediados del siglo XX, la genética humana apenas comenzaba a entender los secretos del ADN. En ese panorama de incertidumbre científica, la familia Wexler enfrentó una tragedia personal: la madre de Nancy padecía la enfermedad de Huntington, un trastorno neurodegenerativo incurable que afecta el movimiento, la conducta y la cognición. Impulsada por el dolor, Wexler decidió dedicar su vida a comprender la causa de ese mal.
En 1979, dirigió un equipo internacional que viajó a Lago Maracaibo, Venezuela, donde una comunidad presentaba una de las concentraciones más altas del mundo de esta enfermedad. Tras años de trabajo, en 1983, el grupo de Wexler logró identificar el gen responsable del Huntington, marcando un antes y un después en la genética médica.
El descubrimiento de Nancy Wexler permitió no solo la creación de pruebas diagnósticas y consejería genética, sino que abrió las puertas a nuevas líneas de investigación en neurociencia, herencia y terapia génica. Su trabajo estableció el modelo de cómo abordar enfermedades genéticas complejas y demostró el poder del compromiso humano detrás de la ciencia.
Hoy, la investigación en terapias génicas para el Huntington continúa gracias al legado de Wexler. Su historia nos recuerda que la ciencia también nace del amor, la empatía y la esperanza de transformar la herencia del sufrimiento en conocimiento y cura.