Hablar de VIH hoy ya no es solo hablar de tratamiento, también implica abordar temas como la prevención, el acceso y las opciones que se adapten a la vida real. Desde 2014, la OMS recomienda estrategias de prevención farmacológica, profilaxis preexposición (PrEP) y profilaxis post exposición (PEP), mismas que se adoptaron en México a partir de 2018. A la par, continúa el desarrollo de nuevas formulaciones de medicamentos de acción prolongada que buscan simplificar la prevención y el manejo del VIH [1,2].
Las iniciales VIH se refieren al virus de la inmunodeficiencia humana [2]. En términos simples, es un virus que, tras la infección, puede integrar su material genético en las células del huésped, afectando principalmente al sistema inmunitario de forma paulatina y constante. El daño a este sistema generalmente se manifesta años después de la transmisión, con infecciones que ponen en peligro la vida y que implican serias complicaciones en la salud. Actualmente, el inicio temprano y mantenimiento del uso de tratamiento antirretroviral representa la estrategia más confiable de control del virus, pues inactiva su replicación [1].
El diagnóstico y tratamiento del VIH impacta principalmente en dos rubros:
No todas las exposiciones tienen el mismo peso. Para orientar decisiones rápidas, se usa una distinción práctica entre exposiciones de riesgo sustancial y exposiciones de riesgo despreciable (figura 1) [2].
Figura 1. Riesgo sustancial vs. riesgo despreciable. Guía rápida para distinguir una exposición con riesgo sustancial (cuando hay contacto de sangre o fluidos sexuales con mucosas o piel lesionada) frente a un riesgo despreciable (fluidos cotidianos sin sangre visible, como saliva, sudor, lágrimas, orina o secreción nasal). Esta diferencia ayuda a decidir si conviene considerar PrEP cuando el riesgo es recurrente o PEP si la exposición ya ocurrió.
PrEP se refiere al uso de antirretrovirales por personas que viven sin VIH para reducir el riesgo de adquirirlo. La U.S. Preventive Services Task Force (USPSTF) recomienda ofrecer PrEP a adultos y adolescentes sexualmente activos con riesgo sustancial de adquirir VIH, así como a personas que usan drogas inyectables y comparten material de inyección. Esto incluye situaciones como parejas sexuales con estado serológico desconocido y uso inconsistente de condón, pareja que vive con VIH con carga viral detectable o desconocida, o antecedente reciente de una infección de transmisión sexual en los últimos seis meses [2].
Antes de iniciar PrEP, se debe comprobar que la persona no vive con VIH y valorar estudios de laboratorio que permitan elegir el esquema más adecuado, incluyendo pruebas de función renal, para pautar el modo de administración e individualizar el seguimiento. También se recomiendan pruebas para sífilis, gonorrea y clamidia, de acuerdo con los sitios de actividad sexual [2].
Durante PrEP oral, se propone seguimiento trimestral con repetición de pruebas de VIH y evaluación de adherencia, además de tamizaje periódico de infecciones de transmisión sexual [2]. En el caso de cabotegravir inyectable, se recomienda realizar un seguimiento mediante prueba de VIH basada en la determinación del material genético viral circulante en sangre, conocida como carga viral, al mes de la primera inyección y, posteriormente, visitas cada dos meses para repetir la prueba y aplicar la siguiente dosis [2].
PEP es un esquema de tres fármacos antirretrovirales que reducen la posibilidad de adquirir el VIH al limitar la replicación del virus. Esta estrategia es dependiente de tiempo, por lo que su efectividad se limita a las primeras 72 horas tras la exposición, con una mayor eficacia en las primeras 48 horas. El PEP se deberá tomar durante 28 días y es una opción preventiva en caso de encuentros sexuales sin uso de condón, tras sufrir una agresión sexual o en escenarios donde el personal de salud se vea expuesto a un posible contacto.
La evaluación inicial consiste en descartar que la persona expuesta ya viva con VIH, con excepción de los casos de violencia sexual, en donde la prioridad es iniciar el tratamiento y evitar la revictimización; de modo que se realiza una prueba de VIH de cuarta generación, así como tamizaje para virus de hepatitis B, C y sífilis. En personas que pueden embarazarse, es importante descartar si existe un embarazo al momento de la valoración. Aunque esto no impide usar el medicamento, si requiere una evaluación cuidadosa de cada caso y reforzar el uso de métodos de barrera durante el tratamiento y el seguimiento. Para vigilar una posible seroconversión, es decir, la aparición de marcadores de infección por VIH después de una exposición reciente, se recomiendan pruebas rápidas para VIH a las 4 a 6 semanas, a los 3 meses y a los 6 meses (figura 2) [2].
Figura 2. Prevención del VIH: antes (PrEP) y después (PEP). Estrategias de prevención con medicamentos según el momento: PrEP se usa antes de una posible exposición (para personas sin VIH con riesgo constante) y requiere pruebas y seguimiento; PEP se usa después de una exposición, debe iniciarse en las primeras 72 horas (idealmente antes) y se toma durante 28 días, también con seguimiento.
Lenacapavir es un nuevo fármaco antirretroviral de acción prolongada, actúa como un inhibidor de la cápside del VIH-1 (escudo o cubierta protectora del virus). Su función es impedir que un virus pueda construir su envoltura funcional, lo que evita que se replique adecuadamente. Este fármaco ha sido aprobado para el tratamiento de personas que viven con VIH con experiencia amplia de tratamiento y resistencia a múltiples fármacos, es decir, cuando el virus ha dejado de responder a varios medicamentos. Ha recibido aprobaciones regulatorias en la Unión Europea (agosto de 2022) y en Estados Unidos (diciembre de 2022) [4].
En el terreno preventivo, se han evaluado inyecciones de lenacapavir dos veces al año, con efectividad comprobada a través de los estudios PURPOSE 1 y 2; este último reclutó participantes en siete países, incluyendo México [1,4,5]. Lenacapavir ha demostrado un excelente rendimiento como PrEP en mujeres cisgénero, es decir, mujeres cuya identidad de género corresponde al sexo asignado al nacer, algo que no ocurre con otros esquemas.
En América Latina, implementar PrEP ha sido un reto pese a la eficacia reportada desde varios enfoques. Se describen avances en países como Brasil, México y Colombia, pero con brechas importantes entre naciones [5].
Datos regionales citados reportan 156 890 personas en PrEP durante 2023; Brasil concentra la mayoría (110 427), y México aparece en segundo lugar con 14 108 usuarios [5]. En nuestro país se ha reportado un incremento de cinco veces en el número de usuarios desde que PrEP se introdujo en el sistema público [5].
VIH, PrEP y PEP forman parte de un mismo continuo: entender qué tipo de exposición ocurrió, elegir una estrategia preventiva antes o después del evento y sostener el seguimiento para que esas herramientas funcionen en la vida real. A medida que surgen opciones de acción prolongada-como cabotegravir y las propuestas alrededor de lenacapavir- la pregunta deja de ser "¿existen herramientas?" y pasa a ser "¿cómo llevarlas a quien las necesita, de forma simple y sostenible?".