Nuestra población está envejeciendo, y este cambio en la pirámide poblacional implica nuevos retos para la atención médica, especialmente en los servicios de urgencias. Por ejemplo, imaginemos a un adulto mayor que llega a urgencias porque se siente mal. Tal vez no puede explicar con claridad qué le duele o qué le ocurre, camina con dificultad y necesita ayuda para vestirse. A simple vista, podría parecer que solo presenta "achaques de la edad". Sin embargo, detrás de estos signos existen señales clínicas relevantes, que pueden estar asociadas a un mayor riesgo de desenlaces adversos.
Por ello, es fundamental que el personal médico identifique estas señales de manera oportuna, ya que los adultos mayores suelen presentar múltiples problemas de salud de forma simultánea, los cuales forman parte de un concepto clave en geriatría: los síndromes geriátricos.
Se conoce con el término de síndromes geriátricos a los problemas de salud complejos que aparecen en el adulto mayor como resultado de la interacción entre múltiples enfermedades, factores sociales, condiciones del entorno y el propio proceso de envejecimiento. Estos síndromes reducen la independencia y afectan de manera notoria la calidad de vida [1].
Algunos ejemplos son:
Estos síndromes no suelen presentarse de forma aislada; por el contrario, es frecuente que coexistan dos o más en una misma persona, lo que incrementa su impacto clínico.
Este estudio se realizó en el servicio de urgencias de un hospital de segundo nivel en Guadalajara, Jalisco, México, con la participación de 202 adultos mayores. A todos se les realizó una evaluación geriátrica integral que incluyó riesgo de caídas, memoria y orientación, capacidad funcional, estado nutricional, estado de ánimo, enfermedades crónicas, número de medicamentos y nivel de conciencia. El objetivo fue cuantificar los síndromes geriátricos presentes y determinar cuáles de ellos se asociaban con un mayor riesgo de muerte durante la hospitalización [3].
En promedio, cada adulto mayor presentaba casi cinco síndromes geriátricos. Los más frecuentes fueron:
Estos hallazgos reflejan una elevada carga de problemas interrelacionados, lo que indica una acumulación importante de factores de riesgo.
Solo 2 de cada 10 adultos mayores habían recibido previamente una evaluación geriátrica. Esto sugiere que muchos de estos problemas podrían haberse detectado oportunamente en consultas de rutina [3].
Los dos factores más importantes asociados a mortalidad son:
Otros problemas que también se asociaron con mayor mortalidad fueron el delirio, el riesgo de úlceras por presión, la fragilidad y el riesgo de caídas; todos están interconectados, como un sistema en el que la falla de un elemento puede afectar al conjunto.
Los servicios de urgencias deben adaptarse al envejecimiento poblacional. Envejecer no debería implicar pasar desapercibido dentro del sistema de salud. Este estudio muestra que prestar atención al estado cognitivo y a la independencia funcional influye en la evolución clínica de los adultos mayores hospitalizados.
Por ello, es fundamental desarrollar estrategias como la implementación de herramientas tecnológicas (por ejemplo, telemedicina) y la incorporación de personal con formación en geriatría. No basta con tratar la enfermedad que llevó al paciente a urgencias; también es necesario comprender cómo vive, cómo piensa y qué tan independiente es.
Detectar de manera oportuna y temprana problemas como el deterioro cognitivo y la dependencia funcional puede contribuir a mejorar la atención médica y disminuir el riesgo de muerte durante la hospitalización.