La vacunación representa una de las medidas preventivas más exitosas para evitar enfermedades infecciosas. Sin embargo, en la actualidad existe mucha desinformación respecto a la seguridad de las vacunas. Podríamos preguntarnos: ¿mi esquema de vacunación esta completo?, ¿las vacunas son seguras?, ¿provocan más problemas de los que previenen? Estas dudas pueden parecer complejas y resultar aún más confusas si se padece una enfermedad autoinmune como el lupus eritematoso sistémico o lupus. Surgen entonces preguntas importantes: si tengo una enfermedad autoinmune, ¿puedo vacunarme?, ¿qué vacunas están indicadas?, ¿debo suspender mi tratamiento antes o después de recibir una vacuna? En este artículo explicamos de manera clara y puntual las recomendaciones actuales respecto a estas y otras inquietudes que pueden surgir en personas que viven con lupus. Particularmente, abordaremos la vacuna contra el virus del papiloma humano (VPH), que ha cobrado especial relevancia en los últimos años [1].
Antes de hablar sobre vacunación, es importante comprender algunos conceptos básicos de inmunología. El sistema inmunológico está compuesto por una gran variedad de células que circulan por los diferentes órganos y tejidos del cuerpo humano. Estas células responden a estimulos externos y actúan como un sistema de defensa, por ejemplo, usando anticuerpos, proteínas que reconocen virus, bacterias u otros microorganismos para su marcaje y eliminación. Una de sus funciones principales es distinguir entre lo propio y lo extraño, es decir, reconocer aquello que forma parte de nuestro organismo y aquello que puede representar una amenaza. Sin embargo, en enfermedades autoinmunes como el lupus, este mecanismo de reconocimiento se altera. El sistema inmunológico pierde la tolerancia frente a componentes del propio cuerpo y comienza a atacarlos, lo que provoca inflamación y daño en tejidos y órganos sanos [1,2].
El tratamiento del lupus incluye medicamentos para controlar el dolor y la inflamación, así como fármacos inmunosupresores que reducen la actividad anormal del sistema inmunológico. Se estima que el lupus afecta al menos a cinco millones de personas en el mundo y es más frecuente en mujeres jóvenes. Por ello, es fundamental ofrecer una atención integral que no solo controle la actividad de la enfermedad, sino que también proteja la salud a largo plazo mediante estrategias preventivas, entre ellas la vacunación [2,3].
Las mujeres jóvenes, principal grupo afectado por el lupus, deben recibir especial atención en materia de prevención. Entre las estrategias más importantes se encuentra la vacunación contra el VPH, uno de los agentes causales más frecuentes de infecciones de transmisión sexual a nivel mundial. Las vacunas contra el VPH comenzaron a implementarse en los programas nacionales de inmunización desde hace más de 10 años y han demostrado ser altamente eficaces para prevenir la infección por los tipos de alto riesgo para la salud. La infección persistente por VPH es la principal causa del cáncer cervicouterino, por lo que la vacunación constituye una estrategia clave para reducir su incidencia y mortalidad [4].
Se ha demostrado que las mujeres con lupus presentan una mayor frecuencia de infección por el VPH en comparación con la población general sin lupus. Además, la persistencia de la infección por VPH se asocia con un riesgo incrementado de desarrollar lesiones precancerosas y cáncer cervicouterino. Algunos estudios estiman que aproximadamente una de cada tres mujeres con lupus puede presentar infección por VPH en algún momento de la evolución de su enfermedad [1,4]. ¿Por qué sucede esto? El sistema inmunológico desempeña un papel fundamental en la eliminación del VPH. En la mayoría de las personas con un sistema inmune funcional, el organismo logra eliminar o controlar la infección de manera natural en un periodo relativamente corto. Sin embargo, en mujeres con lupus, tanto la alteración propia del sistema inmunológico como el uso de tratamientos inmunosupresores pueden disminuir la capacidad del organismo para eliminar el virus de forma eficiente [1,4].
Toda esta información refuerza la importancia de la prevención. Por ello, es necesario hablar sobre la vacuna contra el VPH. En la actualidad existen tres tipos principales de vacunas contra el VPH, todas indicadas como medida preventiva. La primera es la vacuna bivalente (dirigido contra dos variantes), que protege contra los tipos 16 y 18, responsables de aproximadamente el 70% de los casos de cáncer cervicouterino a nivel mundial. La segunda es la vacuna tetravalente (dirigido contra cuatro variantes), que además de cubrir los tipos 16 y 18, incluye los tipos 6 y 11, asociados principalmente con el desarrollo de verrugas genitales. Finalmente, la vacuna nonavalente (9-valente) amplía la cobertura al incluir cinco tipos adicionales de alto riesgo (31, 33, 45, 52 y 58), lo que permite una protección más amplia frente a los tipos asociados con cáncer cervicouterino y otras lesiones [4,5].
A pesar de la sólida evidencia sobre los beneficios de la vacuna contra el VPH, aún persiste la duda sobre si estos mismos beneficios pueden obtenerse en mujeres que viven con lupus. ¿Qué información tenemos al respecto? Esta pregunta ya ha sido planteada por investigadores en distintos países, quienes han evaluado la seguridad y eficacia de la vacuna en pacientes con lupus. A continuación, revisaremos los principales hallazgos de estudios en los que cientos de mujeres con esta enfermedad fueron vacunadas contra el VPH.
En 2013, un estudio realizado en el Hospital de la Universidad de Tuen Mun, en Hong Kong, evaluó la eficacia y seguridad de la vacuna contra el VPH en pacientes con lupus. En total, se vacunaron 50 mujeres con lupus y 50 mujeres sanas como grupo control. Los investigadores demostraron que la vacuna fue segura y que ambos grupos generaron niveles adecuados de anticuerpos protectores contra el VPH. Además, la frecuencia de eventos adversos no fue diferente entre pacientes y controles. El seguimiento a cinco años confirmó la persistencia de la respuesta inmunológica y la seguridad a largo plazo de la vacunación [4].
Ese mismo año, investigadores de la Universidad de Chicago evaluaron a 20 pacientes con lupus, enfocándose particularmente en determinar si la vacunación podía incrementar la actividad de la enfermedad, es decir, la inflamación o las manifestaciones clínicas propias del lupus. Los resultados mostraron que la vacuna fue segura y no se asociaron brotes de la enfermedad tras su administración [4].
Posteriormente, en 2017, un estudio realizado por la Universidad de Michigan incluyó a 34 mujeres con diagnóstico de lupus. Ninguna paciente presentó brotes de lupus ni eventos adversos posteriores a la vacunación. Además, se documentó la producción de anticuerpos protectores contra el VPH en el 100% de los casos evaluados [4].
Finalmente, la seguridad y eficacia de la vacuna también se ha demostrado en población pediátrica con diagnóstico de lupus. Un estudio publicado en 2020 en Estados Unidos reportó que las pacientes pediátricas con lupus desarrollaron una respuesta inmunológica adecuada tras la vacunación contra el VPH. No se observaron efectos adversos graves relacionados con la vacuna, la actividad de la enfermedad se mantuvo estable-incluso mejorando en algunos casos- y la producción de anticuerpos protectores fue satisfactoria [5].
Como conclusión, es importante remarcar que la vacunación contra el VPH ofrece beneficios claros en personas con enfermedades autoinmunes, particularmente en pacientes con lupus. La evidencia científica disponible respalda tanto su seguridad como su eficacia. Por esta razón, diversas organizaciones médicas internacionales recomiendan la vacunación contra el VPH en pacientes con lupus, entre ellas la European Alliance of Associations for Rheumatology (EULAR), el American College of Rheumatology (ACR) y el Colegio Mexicano de Reumatología [3,4].
No obstante, la decisión de vacunarse debe tomarse siempre en conjunto con el médico especialista en reumatología. Aunque la vacuna está indicada y recomendada en pacientes con lupus, existen características individuales que deben evaluarse antes de su aplicación. Entre ellas se encuentran el tipo de tratamiento actual o previo, el grado de actividad de la enfermedad y la presencia de afección en órganos específicos, factores que pueden variar de una persona a otra.
Durante las consultas médicas, es importante recordar que el manejo del lupus no se limita únicamente al control de síntomas o al ajuste de medicamentos. Aspectos preventivos como la vacunación forman parte fundamental de una atención integral y deben discutirse abiertamente con tu reumatólogo.