Vivir con diabetes tipo 2 puede traer, con el tiempo, cambios en distintas partes del cuerpo. Uno de los más comunes se nota en los pies: hormigueo, ardor, punzadas semejantes de descargas eléctricas o pérdida de sensibilidad. Estas molestias pueden comenzar de forma sutil o intermitente, y por eso es fácil pasarlas por alto. Cuando aparecen, vale la pena reconocerlas para cuidar tu bienestar y tu seguridad al moverte [1,2].
La diabetes tipo 2 es una enfermedad en la que el cuerpo deja de responder bien a la insulina, por lo que el azúcar en sangre se mantiene elevada. Suele relacionarse con una combinación de factores, como antecedentes familiares, exceso de peso, poca actividad física y otros cambios metabólicos. Con el tiempo, si el azúcar permanece alta, puede afectar distintos tejidos del cuerpo, incluidos los nervios [1].
Los nervios que llegan a los pies forman parte del sistema nervioso periférico, una red que conecta el cerebro y la médula espinal con el resto del cuerpo para dar sensibilidad y movimiento. Cuando se tiene diabetes, niveles altos de glucosa mantenidos en el tiempo pueden afectar la salud del nervio y de su recubrimiento, y eso se relaciona con sensaciones como hormigueo, ardor, corriente o menor sensibilidad. A esta complicación se le conoce como neuropatía periférica diabética [1,2].
Una forma sencilla de imaginar lo que ocurre es compararlo con un cable cargador de celular: en el interior viaja la electricidad y en el exterior existe un aislante que permite que la señal se transmita correctamente. En los nervios ocurre algo parecido: el aislante se llama mielina y ayuda a que la señal viaje de forma eficiente. Cuando este recubrimiento se modifica, la señal puede cambiar y el cuerpo lo percibe como molestias o como una disminución de la sensibilidad.
Dato rápido
La neuropatía periférica diabética es frecuente: puede afectar a 1 de cada 2 personas que viven con diabetes. Además, hasta 50% de los casos puede no dar síntomas claros [1,2].
Al revisar los pies conviene buscar cambios de alerta (figura 1). Además, se sugiere observar a diario la planta, el talón y entre los dedos. Si no ves bien la planta, usa un espejo o pide apoyo a alguien de confianza. Compara ambos pies con un toque suave en los mismos puntos y observa si la sensación es igual o diferente. Si notas algún cambio, coméntalo en tu consulta [1,3].
Figura 1. Signos de alerta al revisar los pies.
Una consulta con tu equipo de salud y con un fisioterapeuta ayuda a evaluar tu sensibilidad, el estado de la piel y tu forma de caminar. También sirve para decidir qué ejercicios te convienen y para ajustar la amplitud, el ritmo y la dosis según lo que tú sientes [1,3].
La neurodinamia es una intervención de fisioterapia basada en movimientos guiados y dosificados que combinan posturas y movimientos para trabajar los nervios de forma controlada. Se adapta a ti según tus síntomas y tu respuesta al movimiento. El propósito es que la alteración de las sensaciones en los pies disminuya y que el movimiento se sienta más seguro. También puede usarse como parte del cuidado preventivo cuando el objetivo es mantener movilidad y tolerancia al movimiento con ejercicios bien indicados [4,5].
En la práctica, la neurodinamia no reemplaza el control médico de la diabetes ni corrige por sí sola el daño en los nervios. Se usa como parte de un plan de rehabilitación y se ajusta después de una valoración clínica [1]. A continuación, las claves para que el ejercicio funcione y sea seguro:
Si notas una herida, cambio de color de la piel, hinchazón o una zona muy caliente, prioriza una valoración clínica antes de continuar [1,3].
Los siguientes movimientos van de lo más simple a lo más completo (figura 2). Si los dos primeros te resultan cómodos, el tercero suele sentirse más directo hacia el pie [4,5].
Figura 2. Ejercicios guiados de neurodinamia para pies y piernas.
Cómo hacerlo:
Para realizar esta activación, te sugerimos de 6 a 10 repeticiones, 1 o 2 veces al día.
Cómo hacerlo:
Para realizar esta activación, te sugerimos de 6 a 8 ciclos (estirar y regresar a la posición inicial cuenta como un ciclo). Si necesitas ajustar, hazlo con menos amplitud o continúa solo con el ejercicio 1 durante unos días.
Debes realizarlo solo si los dos ejercicios anteriores se sienten bien y no se perciben molestias:
Para realizar esta activación, te sugerimos de 4 a 6 repeticiones.
Si notas mejoría y buena tolerancia, puedes consultar a un fisioterapeuta, quien es el profesional capacitado para evaluar, ajustar y progresar estos ejercicios. Esta persona puede guiarte para avanzar a movimientos más específicos con seguridad.
En diabetes tipo 2 el control del aumento de azúcar en sangre es el pilar del tratamiento. Los pies merecen atención diaria porque sostienen tu movilidad y garantizan tu independencia. Revisar pies y piel, mantener hábitos de cuidado y, cuando corresponde, hacer movimientos guiados con un fisioterapeuta puede ayudarte a detectar cambios a tiempo, conservar la sensibilidad y moverte con más seguridad en tus actividades cotidianas. Recuerda que es importante consultar con un profesional de la salud antes de modificar sustancialmente tus hábitos actuales.