Fotografía del Dr. Juan Ricardo López y Taylor.
En octubre de 1964 se inauguraron los Juegos Olímpicos de Tokio, Japón. Gracias a mi madre, que me despertó en la madrugada, tuve la oportunidad de presenciar un momento que, sin saberlo entonces, marcaría mi vida. Observé al atleta Yoshinori Sakai ascendiendo las escaleras del estadio para encender el pebetero olímpico. Aquella imagen, cargada de simbolismo histórico, humano y deportivo, quedó grabada en mi memoria. Aunque no alcancé la excelencia deportiva como atleta, ese instante orientó de manera clara e irreversible mi vida hacia el deporte.
Gracias a diversas circunstancias y discusiones, al momento de elegir mi profesión, opté por estudiar medicina en la Universidad de Guadalajara (UdeG), convencido de que esta formación me permitiría desarrollarme profesionalmente en el deporte. Al egresar como médico, se presentó la oportunidad de realizar la especialización en la Universidad de Roma, Italia.
Como parte de ese proceso formativo, y gracias al Dr. James Bosco, realicé una estancia académica en la Facultad de Educación Física de la Universidad Estatal de Sacramento, California. Este espacio permitió ampliar mi comprensión en el campo de las ciencias de la educación física y articular la relación entre lo biológico y lo físico.
A mi regreso a México en 1982, se presentó una nueva coyuntura: la creación de la Escuela Superior de Cultura Física y Deporte. De manera paradójica, la debacle económica del país y la necesidad de cumplir la UdeG compromisos internacionales adquiridos para la creación de la entonces Escuela Superior de Cultura Física, facilitaron mi incorporación a la universidad ya que era el único profesional universitario con formación especializada en el área del deporte.
Con los conocimientos adquiridos, supuse que mi aportación al desarrollo del rendimiento deportivo y a la estructura organizacional del deporte generaría cambios rápidos y profundos. En ese momento, el campo académico del deporte en México se encontraba en una etapa incipiente, lo que, sumado a la escasez de bibliografía especializada, la resistencia al cambio y la formación empírica de entrenadores y del personal que laboraba en el área, dificultaba el proceso de innovación.
De manera simultánea, comenzaron a aparecer algunos signos de transformación. En ese mismo periodo, la UNAM organizó el Primer Congreso de Ciencias de la Cultura Física, lo que facilitó la integración de profesionales que, en 1984, conformaron el Colegio Mexicano de Ciencias del Deporte, organismo que editó durante varios años la primera publicación científica del deporte.
Estos acontecimientos, y la interrelación académica con la Mtra. Patricia Aullestia, balletista emérita, entonces coordinadora del Centro de Investigación de la Danza del INBA, impulsaron la realización de los primeros trabajos de investigación en temas como la antropometría y la relación del ciclo menstrual con el rendimiento en atletas y bailarinas de danza. Dichos trabajos sentaron las bases para que el Departamento de Investigación Científica y Superación Académica (DICSA) autorizara la creación del Instituto de Ciencias Aplicadas a la Actividad Física y al Deporte (ICAAFYD), cuyo dictamen oficial se concretó en septiembre de 2003.
Con el tiempo, la investigación desarrollada en el ICAAFYD se fue consolidando con énfasis en la composición corporal y la evaluación funcional. Las primeras líneas de trabajo se centraron en la validación de herramientas de campo frente a métodos de referencia como DXA, lo que permitió cuestionar la precisión de ecuaciones antropométricas tradicionales y desarrollar modelos propios aplicables en nuestro contexto.
De manera paralela, el instituto amplió su campo de acción hacia la salud clínica y el envejecimiento, con investigaciones en rendimiento físico, osteoporosis, así como en áreas de la nutrición deportiva, la salud mental y actividad física.
Durante la década de los años ochenta, en un contexto marcado por una internet incipiente, la ausencia de comunicaciones instantáneas, la escasez de bibliografía especializada y el reducido número de profesionales dedicados a la academia del deporte, la única forma de mantenerse actualizado era mediante la asistencia a congresos y la realización de cursos. Este escenario favoreció la interacción con líderes del área y dio origen a una intensa actividad de divulgación científica.
Como resultado, se impulsó la organización de espacios académicos orientados a la difusión del conocimiento y a la formación de profesionales, entre los que destacan veintidós ediciones del Coloquio de Comunicación, Deporte y Sociedad en el marco de la Feria Internacional del Libro, veinticinco ediciones de los Módulos de Actividad Física y Medicina dentro de los Congresos de Avances en Medicina de los Hospitales Civiles, así como diecinueve celebraciones del Día Mundial de la Actividad Física, además de múltiples foros, seminarios y congresos.
De manera paralela, la vinculación académica desempeñó un papel central en el fortalecimiento de la investigación y la formación de recursos humanos. Gracias al apoyo del Dr. James Bosco, del Dr. Miguel Ángel Rivera y del I.Q. Manuel Cruz González, así como colaboraciones con diversos investigadores, como el Dr. Francisco Cisneros, Antonio Rivera, el Dr. Jim Skinner, Bill Kohl, Mike Pratt, Víctor Matsudo, el Dr. Francisco Carreiro y el Dr. Manuel Vizuete, entre otros, fue posible establecer redes con investigadores de primer nivel, gestionar apoyos para el desarrollo de proyectos y facilitar la movilidad estudiantil y docente.
De especial relevancia fue la colaboración con el Dr. Peter Katzmarzyk, entonces académico de la Universidad Queen’s, Canadá, quien, junto con otros investigadores, contribuyó a la aprobación del programa CAMBIO en 2007, financiado por la Fundación Teasdale-Corti lo que permitió eventos académicos, estancias de movilidad, estudios de posgrado y el financiamiento de proyectos de investigación.
Todo este proceso de divulgación y vinculación académica se reflejó directamente en el ámbito educativo, consolidando la propuesta de orientaciones de estudio de la licenciatura en Cultura Física y Deportes. Asimismo, facilitó la creación de la maestría en Actividad Física y Estilo de Vida y de la maestría esque han colaborado a lo largo de esta trayectoria. El espacio es limitado y mencionarlos de manera parcial sería injusto; su contribución colectiva ha sido fundamental en esta construcción académica compartida.