Cada vez más niñas, niños y adolescentes reciben medicamentos psicotrópicos para tratar problemas como ansiedad, depresión o trastorno por déficit de atención. Algunos psicotrópicos aumentan el apetito, afectan el metabolismo o inducen sedentarismo provocando un aumento de peso, mientras que otros presentan menor impacto. La obesidad infantil tiene graves consecuencias físicas, emocionales y sociales representando un desafío para la salud pública. Para evitar complicaciones, es fundamental que médicos y nutriólogos trabajen en conjunto desde el inicio del tratamiento. Un enfoque integral puede ayudar a controlar este efecto y mejorar la calidad de vida de las personas que lo necesitan.
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