Un mismo medicamento puede ser protagonista de diferentes batallas. Este es el principio del reposicionamiento de fármacos, estrategia que busca aplicar medicinas conocidas a enfermedades distintas para las que fueron diseñadas. Por ejemplo, un fármaco creado para controlar la hipertensión puede también ayudar a frenar infecciones causadas por bacterias resistentes a los antibióticos. Lo más valioso de este enfoque es que acelera la llegada de nuevos tratamientos, ya que se conoce la seguridad de los medicamentos reutilizados. Así, estos medicamentos se convierten en aliados inesperados frente a bacterias, virus y parásitos resistentes, ofreciendo esperanza cuando los tratamientos actuales pierden fuerza.
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