La neuralgia del trigémino es tan devastadora que a lo largo de la historia ha sido apodada como “la enfermedad del suicidio”. El dolor provocado en las personas es intenso y súbito, comparable con descargas eléctricas llevando al límite de la desesperación, al punto de quitarse la vida. Actividades como hablar, comer o sentir el mínimo roce lo puede desencadenar. Aunque no es una enfermedad mortal, su impacto en la calidad de vida ha demostrado tener implicación directa emocional en la persona; generando un problema incluso más letal que la enfermedad misma.
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