El autismo ha sido rodeado de estigmas y asociado con comportamientos “diferentes” que generan rechazo social. Hoy se reconoce como una condición del neurodesarrollo, con bases genéticas y biológicas, caracterizada por una diversidad de manifestaciones en la comunicación, la conducta y el aprendizaje. Aunque plantea retos para quienes lo viven y sus familias, nos recuerda la necesidad de valorar la diversidad humana y de crear entornos más empáticos. Este artículo explora cómo la detección temprana, la inclusión y el respeto a los derechos pueden transformar el paso del silencio a la voz en la experiencia del autismo.
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