La intolerancia a la lactosa es uno de los trastornos digestivos más comunes a nivel mundial y afecta aproximadamente al 65% de la población adulta. Su prevalencia varía según factores genéticos, dietéticos y étnicos. Además, estudios recientes indican que la microbiota intestinal y mecanismos epigenéticos pueden influir en la tolerancia a la lactosa. Esta condición se origina por la disminución de lactasa, enzima encargada de hidrolizar la lactosa presente en la leche. Cuando no se digiere adecuadamente, la lactosa llega al colon y es fermentada por bacterias intestinales, produciendo gases, distensión abdominal y diarrea, aunque puede controlarse mediante ajustes dietéticos.
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